sábado, 2 de enero de 2016

Primera entrada del año

Soy una persona de mente abierta, usualmente creo que incluso demasiado.

Cristina Pedroche se vistió de una forma que dio bastante que hablar: iba desnuda con algun trozo de tejido gris que le tapaba un poco las tetas y el coño.

Salieron un montón de defensoras de ella, y un montón de hombres que criticaban a éstas de "feminazis".

Estas defensoras etiquetaban al público crítico con generalizaciones: a las mujeres de envidiosas, y a los hombres de machistas.


Yo podría estar en cierto modo de acuerdo con su vestimenta, pero encuentro razones de más peso por las que no estarlo, y no se pueden encuadrar ni en envidia ni en machismo.

Si tuviera que ser una mujer, aunque supongamos que Pedroche haya vestido bien y tentadora, no sentiría envidia: primero, porque es quizá una conducta imbécil; y además, porque ni si quiera pienso que el vestido, para ser intencionadamente sexy, le favoreciera. A ver, está buena, pero hay vestidos sexys mejores. Ese tono gris llanto y esas formas de los años de predominancia del subnormal concepto de elegancia, pues simplemente no me gustan.


Vale, si no soy machista, ¿qué razones encuentro para que no me parezca bien su forma de vestir? Primero diré lo que sí me parece bien. Me parece bien el sexo, la belleza, el amor, la libertad. Lo que no me parece bien es el abuso de estos conceptos de forma que invadan otros. Por ejemplo, dar libertad a la sexualidad no debería, si somos una sociedad presuntamente justa, invadir la tranquilidad de las personas que se vean emocionalmente afectadas por ella de una forma que no desean. Y podemos estar hablando, por ejemplo, de hombres que han llegado a unos años donde a pesar de aun verse atraidos por veinteañeras, como es normal, no desean tentaciones, pues ellos, con arrugas en la piel y su medio siglo de respeto merecido, por una adaptación voluntaria a la sociedad, reprimen sus impulsos. Es decir, la libertad de la sexualidad, a mi parecer, debería terminar donde empieza el respeto por las personas que conservan el deseo pero no tienen facilidad para tener sexo: si el resto del año las personas no visten así, es por algo.

El machismo otra vez viene a ser un concepto vacío que sirve de contenedor para las indignaciones de las personas que tienen que ver con la sexualidad y que no terminan de entender.

Parece ser que todo antojo de un hombre que entra en conflicto con el antojo de una mujer es machismo; y al revés, feminismo. Entonces, todo se resume en una guerra de antojos. ¿A dónde va la balanza? Yo creo que está equilibrada. Solo que las personas ignoran el lado de la misma que les conviene.


¿Por qué hay guerras de antojos? Porque somos individuos y somos distintos.